CLAUDIA VIVEROS LORENZO/Pégame, pero no me dejes/SIN MEDIAS TINTAS

El amor mal entendido nos hace actuar muchas veces de forma opuesta a lo que se supone que el amor real nos debería llevar a hacer. Cuando creemos amar a alguien lo queremos juntito a nosotros, fingimos arroparlo, ayudarlo, cuidarlo, con la voluntad de irlo cercando para hacerlo nuestro, para que dependa de nosotros, para que no pueda “vivir sin tenernos cerca”. Cuando amamos a alguien lo queremos con nosotros todo el tiempo, creemos que nos pertenece y que nuestra presencia en su vida será lo mejor para él o ella, por lo tanto, no debería querer estar lejos.

 

Es “normal” que los enamorados usen frases como: “sin ti me muero”, “juntos por siempre”, “eres mi complemento”, etc. Y pensamos que, el amor se trata de eso, de que dos personas estén siempre juntas, que compartan, que vivan felices juntas, que tengan descendencia, que vivan bajo el mismo techo, que se peguen con kola loca, y nada ni nadie los separe jamás. ¿Pero cuando no es así?

 

¿Qué pasa cuando dos personas se encuentran en circunstancias que los llevan a escribir situaciones de vida que no permiten estar con esa persona a la que aman? Sé que van a saltar y me dirán que el verdadero amor lucha y las persona que te ama realizará todo con tal de están a tu lado. Y sí, se me hace algo muy bonito y correcto, cuando hay voluntad, es lo más sano. Pero me voy a ir al otro extremo: ¿se puede demostrar amor dando libertad?

 

No se puede forzar a nadie a que esté contigo. No puedes aferrarte a algo que quizá te esta haciendo daño a ti o al otro (como aquello de “pégame, pero no me dejes”, o “me es infiel pero solo me quiere a mí” o el tan sonado “soy responsable de los que dependen de mí, por eso no me marcho”.

 

Definitivamente cada quien, está donde quiere estar. Cuando se ama unos lo hacen con más entrega que otros, o mejor dicho, unos lo hacen en realidad, con entereza y valor y otros muchos con harta cobardía. Por eso nuestro recién finado José José nos enseñó que no es lo mismo amar que querer. Y es que en el sentido estricto del concepto el que ama, no pretende obligar a nada. Suelta y deja en libertad a todo aquel que no lo ama de la misma manera. Como decía Celso Piña (otro finadito de este año… wao cuantos grandes se nos fueron), “para que seas feliz, aunque no sea conmigo”.

 

Y sí, aprenda amar sin ataduras, dicen que si amas algo déjalo libre, si vuelve es tuyo, sino, nunca lo fue. Pero para eso hay que empezar aprendiendo a soltar. A dejar ir. Suelte aunque duela. A no vivir en ataduras. A aprender a disfrutar de la felicidad del otro y sobre todo, a valorarse uno mismo. Hay que aprender a respetarse, a no intoxicarse en relaciones sin sentido a exigir, la misma calidad de amor que uno brinda. Si la otra persona no esta del todo preparada para poder recibir y mandar de vuelta el mismo sentimiento, hay que darle chance de que se vaya a seguir aprendiendo y nosotros abrir la puerta para que el universo nos haga llegar lo que realmente merecemos, pues como ya lo dije en algún texto anterior y lo reafirmo: Todos merecemos amor, y amor del bueno.

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